El Carnaval Manoguayabo y la historia de las palomas tirándoles a las escopetas

El periodista Raúl Germán

El periodista Raúl Germán

Por: Raúl Germán B.

Manoguayabo.- Todos vieron este domingo 18 de enero como, por primera vez, convocaba a la prensa local y nacional a un encuentro en mi residencia, la que tengo alquilada, para denunciar algunos ultrajes verbales de los que fui objeto.

Esto, con toda la intención del mundo, se produjo el sábado 17 de enero, como a las 9 y 30 de la noche, en mi propia residencia, ubicada en la calle Cibao #9, en Manoguayabo.

Resulta que yo salí un momento, antes de la hora mencionada, a buscar un ñame, ya que tenía deseos de comer un poco, porque no había cenado.

Cuando regreso a mi hogar, me encuentro, en la sala de mi casa, con los promotores del Carnaval Manoguayabo, Jorge Pichardo y Pedro Guzmán; visita que me parecía extraña, pero que no pensé que representaba nada negativo contra mí.

Bueno, ellos comenzaron muy bien, en la trama de la farsa, bajo risas fingidas y ambiente de total hipocresía, ya que, según la versión de mi esposa, habían tocado la puerta de forma violenta y escandalosa, y cuando entraron le reclamaron que por qué yo no había levantado el celular si este me lo regaló Manuel Rivas, cosa que ella refutó, y ellos le agregaron que yo recibí este y otros regalos, como insinuando que soy un periodista de doble moral, según lo que ella entendió.

Bueno, al avanzar la conversación, el señor Pichardo me acusó de ser enemigo del Carnaval, pero en un tono que el ruido se oía por todas partes, como si yo fuera un charlatán, al cual hay que ir a su casa a reclamarle por sus escritos.

Y mientras me acusaba de ser enemigo de su negocio, se le olvidaba que las notas de este medio están publicadas todas, donde solo se han dicho cosas positivas, sin importar lo que dice la gente por ahí o algunos comunicadores. ¿Y esas acusaciones vinieron solas?, no, estas fueron acompañadas, por Pichardo, por una historia de que él, a un abogado que le quería “robar” un caso, casi lo lanzó del tercer piso del Palacio de la Policía o no sé de dónde; de que él y su socio, Pedro, han recibido disparos y, como dijo, los han dado en nombre de su Carnaval, no como patrimonio de Manoguayabo, sino, como una herencia Pichardo-Guzmán.

Y ahí mismo, según él, Pichardo, me prohibió hablar o escribir toda cosa contraria a su Carnaval, cosa que, con todas estas historias, vi como una amenaza directa a la libertad de prensa y a la integridad de mi persona que tiene un licenciado en Comunicación Social, profesor Extraordinario en Perú, profesor en el Instituto Dominicano de Periodismo (IDP) y miembro del Colegio Dominicano de Periodista…sin contar que tengo una carrera de 15 años, intachable, en un ejercicio periodístico en la República Dominicana y Perú.
Y estos reclamos coincidieron con una presión, porque según él ha hecho mucho por mí: un regalo de dos mil pesos cuando me mudé y una rebaja de sus honorarios en la casa que vivo, que dicho sea de paso es de su hermana y él la administra.

¿Es decir, que Raúl Germán es un ‘pica pica’ que porque cualquier carajo a la vela, y no me refiero a él, a Pichardo, me dé algo, eso me hará variar mis comentarios y tendré que ser su tartufo, lacayo, ‘lambón’ y otros?

Pero, ¿por qué vino esto?, ¡oh!, porque tuve la osadía, el atrevimiento y la voluntad de aconsejarle a Pichardo, luego de una publicación que me etiquetó, de que si él le iba a dedicar el Carnaval a Pedro Martínez hablara con él…palabras más, palabras menos, solo eso, señores.

Y esto se no se paró ahí, minutos después de que yo hice público esto, Pedro Guzmán, por el grupo de Elías Báez, fiscal, me amedrentaba que cuidado con lo que decía que él, el león de la matica, estaba presente en la conversación, y que conmigo había que trazar la ‘Línea de Pizarro’, como que si yo fuese un ‘pendejá’ de profesional en el municipio o en el país. Y no conforme con eso, Pichardo fue en la noche a la iglesia donde me congrego, a modo de provocación violenta y desafiante, a decirle a mi suegra que yo lo estoy difamando y que yo lo que le tengo es envidia porque él le dedica eso a Pedro y no sé cuantas incoherencias más.

¿Y de dónde viene el título de este escrito?, porque Pedro y Pichardo deben de ser muy malos jugadores si piensan que meterse en un lío conmigo les hará ir mejor en su negocio particular que es el Carnaval o a Pedro como directivo de la Cooperativa recién aliado de un candidato a la Alcaldía.

Ellos, como parte interesada, no saben que su imagen se verá muy afectada ante sus posibles patrocinadores por todas estas cosas que he escrito más arriba, tomando en cuenta que yo soy de aquí, mi familia es de aquí, gente seria y sin tachas; todos conocen mi accionar…y el de todos, y que yo soy periodista, dueño de medios y ellos deben de respetar todo eso, aún no estén de acuerdo con mis posturas, que nunca han sido contrarios a ellos.

Y ya para finalizar, yo no pretendo asumir, por ahora, ninguna actitud contraria a estos dos personajes, pero si ellos entienden que yo soy su enemigo o algo así, claro, después de desconsiderarme, yo los perdono, porque no se puede abrigar odios innecesarios en los corazones. Si algo le deben a la justicia, que la paguen, pero de mi parte, yo los perdono.

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